La naturaleza de la Iglesia: madre, maestra, familia – por José M. Amaya

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La Iglesia es evangelizadora por naturaleza. La Iglesia es madre, maestra y familia de familias. San Juan Pablo II insistía en que la familia es la “iglesia doméstica.” La familia es el lugar donde se aprende, se vive y se interpreta la fe (DGC 226-227; CCE 2222-2226)(Mateo 5,48; Lumen gentium 39- 42).

El Bautismo es la mejor herencia que he recibido. Mis padres me llevaron a bautizar cuando tenía dos meses de nacido. Mi papá me enseñó el Padre Nuestro. Me enseñó que Dios es amoroso y lleno de misericordia. Mi mamá me enseñó el Ave Maria. Me enseñaron a ser cristiano y a amar a la Iglesia de Cristo. ¿Quién te presentó a Dios por primera vez en tu vida?

Una de las preocupaciones de nuestro tiempo es que la mayoría de los padres de familia dejan a sus hijos en la catequesis y no asisten ni a la formación para adultos ni a misa. En el Bautismo, tanto la familia como la comunidad eclesial prometen transmitir la fe a los nuevos cristianos. La Iglesia tiene el deber de apoyar a los padres en la tarea de transmitir la fe a los hijos. De la misma manera los padres de familia tienen la responsabilidad de conocer su fe para ayudar a los hijos a entender la fe que profesan para vivirla al servicio de los demás.

Por tanto, parroquia y familia son corresponsables en mantener viva la llama de la fe en los adultos, jóvenes y niños (DNC 20). Familia y parroquia están llamadas a colaborar en la formación de todos. Mis padres fueron mis primeros catequistas con su testimonio de vida y continua oración (DNC 54C). La formación que recibí de mis catequistas en la parroquia reforzó las semillas de fe que mis padres sembraron.

¿Qué van a hacer con los dones del Espíritu Santo que van a recibir en la Confirmación?, nos preguntó Doña Emma Pasten antes de la celebración del sacramento. Esta pregunta resuena en mi corazón y en mi mente desde mi adolescencia. Si la familia es la “iglesia doméstica” donde se aprende, se vive y se interpreta la fe, la parroquia y la familia deben forjar lazos de colaboración para fomentar la fe de los adultos, jóvenes y niños en una catequesis de por vida. Así las familias, a la pregunta: ¿Quién les ha permitido sobrellevar y superar los problemas y retos en la vida familiar? podrán responder: “Dios”.


José Amaya es director de formación en la fe para la Arquidiócesis Castrense de los Estados Unidos de América.

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Creados para la felicidad – Por María G. Covarrubias

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Sabía que era un día especial. Su hijo y su esposa tenían cita con el ginecólogo para el examen mensual y el ultrasonido para averiguar el sexo de su bebé. David y Jessica vivían en otro estado del país. Tenían casi siete años de casados y hasta hace pocos meses habían podido concebir por primera vez. El teléfono sonó. Del otro lado se encontraba su hijo, su voz llena de gozo: ¡Mamá, ya sabemos el sexo del bebé! La madre respondió, espera, no me lo digas, voy a llamar a todos para que te escuchen. La madre llamó a su esposo y a los otros hijos. ¡Es David! ¡Vengan para que nos dé la noticia juntos! Todos llegaron y se reunieron alrededor del teléfono. La madre agregó, ¡ya estamos todos, hijo! David dijo, bueno, les quiero informar que todo va muy bien con el embarazo y… que vamos a tener… ¡un niño! La reacción no se hizo esperar, todos gritaron y aplaudieron con alegría. Hubo abrazos de felicitaciones y hasta algunas lágrimas de gozo por la noticia. No cabía ninguna duda, este bebé era ya amado y esperado con mucho gozo y anticipación.

En el relato anterior vemos la importancia de la familia como una comunidad donde se celebra la vida con un sentido de amor, pertenencia y relaciones cercanas. Cada miembro apoya, goza y celebra el bienestar de uno de ellos participando del gozo por la llegada de un nuevo ser.

Como comunidad, la familia tiene una gran misión. En la comunidad familiar realizamos nuestra dignidad y nuestros derechos en relación a otros preparándonos para la vida. En la familia aprendemos valores como la fe, el amor, el perdón, la opción por la vida, la alegría, el respeto, y muchos más. Por esta razón, nuestros hogares son sagrados. Es ahí donde celebramos y sufrimos los eventos del diario vivir.

Hay mucho bien que se puede encontrar en cada familia aun en aquellas que parecen ser disfuncionales. En particular, las familias hispanas son un poderoso testimonio de comunidad familiar donde se expresa el cuidado, el amor y la devoción familiar. Este sentido profundo de comunidad nos hace caminar juntos con amor y esperanza; compartiendo lo bueno, apoyándonos en los momentos difíciles y celebrando todas las etapas de la vida. Definitivamente, la familia es parte del plan de salvación, porque Dios nos ha creado a su imagen para que seamos partícipes de su gozo.

María G. Covarrubias es la directora de la oficina del ministerio catequético de la Diócesis de San Bernardino, California.

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