Evangelización – By Aileen Scommegna

Los católicos parecen tenerle miedo a la evangelización. Tendemos a no usar la palabra evangelizar en nuestro vocabulario. Esto es desconcertante porque la evangelización por lo general es una parte hermosa de nuestra fe y de nuestra misión como seguidores de Jesús. Sencillamente, la evangelización es compartir la Buena Nueva. Estamos llamados a compartir la Palabra con todos aquello con quienes nos encontremos.
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Optar por la vida – por Dra. Fanny Cepeda Pedraza

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Recuerdo una ocasión en que las palabras de alguien me inyectaron la fuerza que necesitaba para seguir viviendo; otra vez, al abrazarme solidariamente un amigo sentí que Cristo me animaba y consolaba. En otra ocasión recibí el agradecimiento de alguien que se inspiró en mí para cambiar el curso de su vida. A mi mente vino también la sonrisa de un desconocido cuyo gesto iluminó una dolorosa oscuridad que me invadía haciendo mi día rico y productivo. También recordé cuando al compartir con mi padre la carrera que deseaba seguir me respondió despectivamente enfatizando las probabilidades de fracaso de esa ocupación. Al escucharlo sentí que algo en mi moría. Concluí que muchas veces, quizá más irreflexivamente que intencionalmente, sembramos vida o damos muerte..

Recordemos ocasiones en que con nuestras palabras, actitudes o acciones hemos aplastado autoestimas, hemos hecho miserable la vida de aquellos con quienes convivimos o tratamos; en que por egoísmo hemos fragmentado nuestra familia al imponer sin consideración nuestra voluntad o por la irresponsabilidad de nuestros deberes. ¡Cuántas veces hemos ignorado a alguien necesitado de apoyo y afirmación, o que añoraba una caricia o validación de sus sentimientos y aspiraciones; ocasiones en que nos hemos hecho sordos a voces que claman por justicia y paz!

Fuimos creados por amor y para amar. Es nuestra misión en la vida. Al aceptarla adoptamos nuevas perspectivas y responsabilidades comenzando en el seno familiar pero extendiéndose a muchas otras áreas. Optar por la vida es convertirnos en instrumentos de Cristo, ser sus brazos, pies y oídos en este mundo; es ser ‘la sal de la tierra’, es dejar que su luz brille a través de nuestras acciones. Es amar como él amó.

Nuestra comunión con Dios mediante la oración y la práctica de la caridad riegan y mantienen fértil nuestro terreno para producir semillas que perpetúen una cosecha de vida. La ausencia de ellas gradualmente lo seca y lo hace improductivo. El Papa Francisco dice que “Lo que la Iglesia necesita con urgencia es capacidad de curar heridas y dar calor a los corazones… Como un hospital de campaña tras una batalla”. Cumplamos nuestra misión, curemos las heridas; descartemos el egoísmo y el propio interés. Empleemos nuestros esfuerzos en sembrar vida atendiendo a quienes sufren o están en peligro de fallecer. Recordemos que no solo sembramos muerte con nuestras malas obras, egoísmo e intereses propios sino también al ser indiferentes al sufrimiento de los demás. ¡Optemos por la vida!


Dra. Fanny Cepeda Pedraza es consultora nacional en el área de catequesis y formación teológica.

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La Misión del Amor – Por Javier Iván Díaz M.M

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Somos misioneros en un mundo que necesita amor y la familia es el seno en donde se forma y alimenta ese amor para llevarlo a todas partes. En muchos hogares en la actualidad vivimos muy ocupados con la rutina diaria del trabajo, escuela y otras obligaciones. Nos olvidamos del tiempo para compartir y alimentar el amor familiar. El Papa Francisco en una audiencia general de enero reflexionó sobre los efectos de la ausencia de los padres en los hijos y en las graves consecuencias de una sociedad que, en la práctica, está formada por niños y adolescentes “huérfanos”.

Como padres de familia estamos llamados a formar en amor a nuestros hijos con nuestra presencia y dedicación en cosas tan sencillas como ayudarles en las tareas de la escuela, jugar pelota, y orar juntos antes de comer. La educación, el trabajo y los logros profesionales no pueden ocupar el primer lugar en nuestras vidas porque corremos el riesgo de perder lo más importante que nos mueve y alimenta para vivir.

La mejor herencia o legado que una familia deja es la compasión, perdón, servicio y otras expresiones de amor que quedan guardadas en la memoria para siempre. Esa misión debe continuar más allá del hogar, y no caer en el error de solo amar y servir a nuestras familias o amistades más cercanas. Nuestro entorno necesita gente compasiva que esté dispuesta a servir a los demás sin interés y especialmente a los más frágiles de quienes muchas veces nos olvidamos en nuestra sociedad.

En la misión del amor podemos aprender a dejar de juzgar tanto las apariencias y darnos la oportunidad de conocer el corazón de los rechazados que quizás solo necesitan de un poco de afecto y caridad para ser transformados. También en la misión del amor podemos aprender a ser más tolerantes con los que piensan o actúan distinto, y encontrar caminos de diálogo de respeto y aprecio.

El amor es una misión que se sigue escribiendo todos los días y necesita de nuevos misioneros dispuestos a vivirlo y compartirlo. Las noticias alrededor del mundo, por lo general, no son alentadoras, pero de nosotros depende cambiar el rumbo de nuestro entorno más cercano y sembrar semillas misioneras de amor que poco a poco construyan una sociedad más misericordiosa como Jesús nos encomendó.

“Les doy este mandamiento nuevo: Que se amen los unos a los otros. Así como yo los amo a ustedes, así deben amarse ustedes los unos a los otros” (Juan 13:34).

Javier Iván Díaz es docente, cantautor y conferencista de OCP.

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