C*U*A*R*E*S*M*A – By Dr. Kathleen Beuscher, Ed. D.

Nos acercamos de nuevo a ese momento. Pronto llegará la Cuaresma y será tiempo para rezar, ayunar y dar limosna. No sé cómo se sentirán los demás, pero cuando reflexiono sobre mis intentos de crecer espiritualmente durante la Cuaresma, probablemente encuentro más errores que aciertos.

Cuando era niña, siempre trataba de convencer a mis padres de que ayunaba absteniéndome de comer sandía. Lamentablemente, mis padres sabían bien que las sandías no abundan en Wisconsin durante los meses del final del invierno y del principio de la primavera. También sabían que no me gustaba la sandía.

¡Un año decidí renunciar al dinero! Duró hasta que mi abuelo me dio un dólar plateado brillante. Cuando mi madre me preguntó qué sucedió con mi promesa de renunciar al dinero, le informé que mi ayuno no incluía “mucho dinero”.

Ya adulta, obedientemente me abstenía de comer carne los viernes. Renunciaba a comer carne de vaca, de cerdo y de ave para comer mariscos y por supuesto, ¡el pescado frito de Milwaukee! Estaba muy emocionada por llegar finalmente a la edad donde ya no tenía la obligación de ayunar. ¡Después de todo, era un gran sacrificio!

Mis intentos de mejorar mi vida de oración han consistido en una serie de altibajos. No conseguía rezar a la hora de ir a dormir porque en general mi mente cansada vagaba. Oración de la mañana: ¿quién tiene tiempo? Oración repetitiva: ¡aburrida! Sin embargo, el estilo de oración al que era más fiel solía comenzar con pedir a Dios que me ayudara, que me diera lo que quería o que me perdonara. Sabía que la oración tenía que ser una conversación, pero gran parte de mi oración estaba muy inclinada hacia un lado. ¡Mi lado!

Dar limosna siempre ha sido mucho más fácil para mí. Cuando éramos niños, aprendimos a guardar nuestros tesoros en “alcancías para caridad”. Aún puedo recordar lo emocionada que estaba al llevar mi pequeña alcancía durante la presentación de dones el Domingo de Pascua. Estaba segura de que mi contribución salvaría a todos los pobres del mundo. Aún me emociona poder compartir mis riquezas con los demás.

No me entiendan mal, dar limosna no es siempre fácil. Cuando llega una campaña para colectar alimentos, fácilmente la puedo usar como oportunidad para deshacerme de los alimentos que no son nuestros preferidos. Cuando escucho el repique de las campanas en Navidad o veo veteranos que venden amapolas, me resulta fácil evitar el contacto visual y seguir caminando. Y por supuesto, sé que la Iglesia entiende cuando no pongo nada en la canasta de la colecta porque todo lo que tengo es “dinero grande”.

Este año decidí tomar un enfoque diferente de mis prácticas de Cuaresma. Este año me enfoco en:

CU idar
Hay dos personas a las que quiero cuidar más plenamente en esta Cuaresma. Una es nuestra pequeña nieta Olivia. Quiero estar más presente para ella durante este tiempo importante de desarrollo en su vida. Yo soy la otra persona que necesito cuidar. Con múltiples problemas de salud graves, necesito proporcionarme el cuidado que necesito. ¿Quién necesita tu cuidado?

AR riesgar
Por lo general soy generosa con lo que tengo pero soy mucho más reacia a dar de mi tiempo y de mi talento. En esta Cuaresma, me arriesgaré a participar en un proyecto que mejore a otros. Hasta ahora, no sé cuál será el proyecto, pero estoy segura de que Dios me guiará a donde Él quiera que yo vaya. ¿Hay algún lugar o alguna manera en la que te están llamando a participar más plenamente?

ES cuchar
Algunas personas me dicen que sé escuchar. Sin embargo, no estoy segura de que mi familia o Dios necesariamente piensen lo mismo. En esta Cuaresma, tengo la intención de comenzar mi oración haciendo silencio y escuchando la voz de Dios. También tengo la intención de escuchar verdaderamente a mi familia, en lugar de tratar de hacer muchas tareas cuando están hablando. (¿Sabías que el cerebro no está conectado para hacer varias tareas a la vez?) ¿Hay alguien a quién necesitas escuchar realmente? compromiso

MA-ntener la confianza
Finalmente, mi intención es confiar más plenamente. No me resulta fácil. Tendré que esforzarme en mantener mi confianza en Dios. Al escuchar y arriesgarme a salir de mi zona de confort para cumplir Su plan para mí, espero que crezca mi confianza en Él, en los demás y en mí. ¿En quién necesitas confiar?

Ojalá, mis palabras te den algo para reflexionar al entrar en este tiempo santo y exigente de Cuaresma. ¡Tal vez podamos compartir nuestras historias exitosas de Cuaresma alguna vez!

Bendiciones de Cuaresma,

Dr. Kathleen Beuscher, Ed. D.

La Dra. Beuscher recibió su Doctorado en Educación en la Universidad Cardinal Stritch. Su tesis doctoral fue sobre el Sacramento de la Penitencia y Reconciliación. Kathleen participó en catequesis parroquial durante más de 30 años dentro de la Arquidiócesis de Milwaukee. Actualmente se desempeña como consultora para RCL Benziger, junto con su esposo, Jim.