La Misión del Amor – Por Javier Iván Díaz M.M

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Somos misioneros en un mundo que necesita amor y la familia es el seno en donde se forma y alimenta ese amor para llevarlo a todas partes. En muchos hogares en la actualidad vivimos muy ocupados con la rutina diaria del trabajo, escuela y otras obligaciones. Nos olvidamos del tiempo para compartir y alimentar el amor familiar. El Papa Francisco en una audiencia general de enero reflexionó sobre los efectos de la ausencia de los padres en los hijos y en las graves consecuencias de una sociedad que, en la práctica, está formada por niños y adolescentes “huérfanos”.

Como padres de familia estamos llamados a formar en amor a nuestros hijos con nuestra presencia y dedicación en cosas tan sencillas como ayudarles en las tareas de la escuela, jugar pelota, y orar juntos antes de comer. La educación, el trabajo y los logros profesionales no pueden ocupar el primer lugar en nuestras vidas porque corremos el riesgo de perder lo más importante que nos mueve y alimenta para vivir.

La mejor herencia o legado que una familia deja es la compasión, perdón, servicio y otras expresiones de amor que quedan guardadas en la memoria para siempre. Esa misión debe continuar más allá del hogar, y no caer en el error de solo amar y servir a nuestras familias o amistades más cercanas. Nuestro entorno necesita gente compasiva que esté dispuesta a servir a los demás sin interés y especialmente a los más frágiles de quienes muchas veces nos olvidamos en nuestra sociedad.

En la misión del amor podemos aprender a dejar de juzgar tanto las apariencias y darnos la oportunidad de conocer el corazón de los rechazados que quizás solo necesitan de un poco de afecto y caridad para ser transformados. También en la misión del amor podemos aprender a ser más tolerantes con los que piensan o actúan distinto, y encontrar caminos de diálogo de respeto y aprecio.

El amor es una misión que se sigue escribiendo todos los días y necesita de nuevos misioneros dispuestos a vivirlo y compartirlo. Las noticias alrededor del mundo, por lo general, no son alentadoras, pero de nosotros depende cambiar el rumbo de nuestro entorno más cercano y sembrar semillas misioneras de amor que poco a poco construyan una sociedad más misericordiosa como Jesús nos encomendó.

“Les doy este mandamiento nuevo: Que se amen los unos a los otros. Así como yo los amo a ustedes, así deben amarse ustedes los unos a los otros” (Juan 13:34).

Javier Iván Díaz es docente, cantautor y conferencista de OCP.

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Mission to Love – Chapter 2 – By Lauri Przybysz, D.Min.

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When our children got engaged, we experienced both joy and concern. We observed the happy couple’s excitement as the wedding plans developed, and we hoped they were ready for what lay ahead of them.

Most couples begin marriage with confidence and high expectations, yet life together will present them with many challenges and conflicts. Marriage is risky. No couple can know what the future holds in the way of health, children, finances, and careers. They will have so many decisions to make, the most important of which is to decide to love each other and make their marriage and family a priority. We pray that they will turn to God to be their model for self-giving, generous love.

Marriage is the ultimate adventure in which every day offers new challenges and opportunities to grow both as individuals and as a couple. The way we approach the challenges and experiences we encounter determines our level of peace and happiness in our marriage.

A successful couple may say, “Many people tell us we are lucky, but we don’t believe it is luck that has strengthened our relationship over the years.” They have learned that they needed to grow closer to God over the years, to imitate God in faithfulness.

Although every couple is different, successful marriages have similar identifying marks. The fact that family life in the United States gives evidence of serious internal collapse ought to alert betrothed couples that successful marriages need careful and lifelong cultivation. In successful marriages, spouses genuinely enjoy each other’s company. They laugh a lot together. They take pride in each other’s achievements and encourage one another to undertake important life projects. They lovingly seek to meet each other’s sexual needs, and develop closeness in nonsexual ways as well. Successful couples regard marriage as a sacred religious commitment and share a similar vision of life. These couples love and delight in one another like God loves and delights in each one of us.

Consider these qualities of successful spouses and explore ways you can choose to continue to grow together and love one another. Reflect on your own marriage and on the marriages you know. If you sense a personal weakness in certain areas, don’t despair. This is the place to begin a new phase of your adventure with God’s help!

Dr. Lauri Przybsyz is the Coordinator for Marriage and Family Life for the Archdiocese of Baltimore.

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Creados para la felicidad – Por María G. Covarrubias

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Sabía que era un día especial. Su hijo y su esposa tenían cita con el ginecólogo para el examen mensual y el ultrasonido para averiguar el sexo de su bebé. David y Jessica vivían en otro estado del país. Tenían casi siete años de casados y hasta hace pocos meses habían podido concebir por primera vez. El teléfono sonó. Del otro lado se encontraba su hijo, su voz llena de gozo: ¡Mamá, ya sabemos el sexo del bebé! La madre respondió, espera, no me lo digas, voy a llamar a todos para que te escuchen. La madre llamó a su esposo y a los otros hijos. ¡Es David! ¡Vengan para que nos dé la noticia juntos! Todos llegaron y se reunieron alrededor del teléfono. La madre agregó, ¡ya estamos todos, hijo! David dijo, bueno, les quiero informar que todo va muy bien con el embarazo y… que vamos a tener… ¡un niño! La reacción no se hizo esperar, todos gritaron y aplaudieron con alegría. Hubo abrazos de felicitaciones y hasta algunas lágrimas de gozo por la noticia. No cabía ninguna duda, este bebé era ya amado y esperado con mucho gozo y anticipación.

En el relato anterior vemos la importancia de la familia como una comunidad donde se celebra la vida con un sentido de amor, pertenencia y relaciones cercanas. Cada miembro apoya, goza y celebra el bienestar de uno de ellos participando del gozo por la llegada de un nuevo ser.

Como comunidad, la familia tiene una gran misión. En la comunidad familiar realizamos nuestra dignidad y nuestros derechos en relación a otros preparándonos para la vida. En la familia aprendemos valores como la fe, el amor, el perdón, la opción por la vida, la alegría, el respeto, y muchos más. Por esta razón, nuestros hogares son sagrados. Es ahí donde celebramos y sufrimos los eventos del diario vivir.

Hay mucho bien que se puede encontrar en cada familia aun en aquellas que parecen ser disfuncionales. En particular, las familias hispanas son un poderoso testimonio de comunidad familiar donde se expresa el cuidado, el amor y la devoción familiar. Este sentido profundo de comunidad nos hace caminar juntos con amor y esperanza; compartiendo lo bueno, apoyándonos en los momentos difíciles y celebrando todas las etapas de la vida. Definitivamente, la familia es parte del plan de salvación, porque Dios nos ha creado a su imagen para que seamos partícipes de su gozo.

María G. Covarrubias es la directora de la oficina del ministerio catequético de la Diócesis de San Bernardino, California.

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